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Bronquiolitis en el bebé: síntomas y cuándo es grave

La bronquiolitis del bebé casi siempre la causa el VRS. Te contamos en qué se diferencia de un catarro, qué señales exigen urgencias y qué ayuda de verdad en casa.

Equipo de Mama Ai

Actualizado 22 de julio de 2026 10 min de lectura
Bronquiolitis en el bebé: síntomas y cuándo es grave

El bebé empieza con mocos y, un par de días después, respira deprisa, con pitos, y agarra peor el pecho o el biberón. El pediatra dice: «Es una bronquiolitis, probablemente por VRS». Suena inquietante, y lo primero que quieres saber es si esto todavía es un catarro normal o ya es algo serio. En este artículo vemos qué es la bronquiolitis, en qué se diferencia de un resfriado, qué señales significan «al hospital ahora mismo», qué ayuda de verdad en casa, qué es inútil o incluso peligroso y cómo proteger al bebé.

Qué es la bronquiolitis y qué tiene que ver el VRS

La bronquiolitis es la inflamación de las vías respiratorias más pequeñas del pulmón (los bronquiolos). En los bebés del primer año esos tubitos son estrechísimos: miden menos de un milímetro de diámetro. Cuando sus paredes se hinchan y por dentro se acumula moco, el paso se estrecha todavía más y al aire le cuesta circular. De ahí los pitos, el borboteo y la respiración acelerada. En un adulto, ese mismo virus se quedaría en unos mocos y algo de tos.

La causa principal de la bronquiolitis es el virus respiratorio sincitial (VRS, RSV). A él se debe la mayoría de los casos; con menos frecuencia están detrás el rinovirus, el metapneumovirus, la gripe, el adenovirus o los coronavirus. No es nada exótico: según la OMS y los CDC, prácticamente todos los niños pasan el VRS al menos una vez antes de los dos años. En la mayoría cursa como un catarro corriente y solo en una parte de los bebés el virus baja hasta los bronquiolos.

Afecta sobre todo a niños menores de 2 años y es más grave en los bebés de los primeros 6 meses. En el hemisferio norte la temporada suele coincidir con los meses fríos —aproximadamente desde finales de otoño hasta principios de primavera, con el pico en invierno—, aunque las fechas varían según la región.

Cómo evoluciona día a día

La bronquiolitis tiene un guion bastante reconocible, y conocerlo baja mucho la ansiedad:

  • Días 1–2. Todo parece un catarro normal: mucha mucosidad transparente, estornudos, a veces algo de fiebre y una tos leve.
  • Días 3–5. La tos va a más, aparecen pitos o una respiración «ruidosa», el ritmo respiratorio se acelera y el bebé se cansa antes al mamar. Este es el pico: los días peores suelen ser el tercero, el cuarto y el quinto. Es justo en esa ventana cuando más a menudo hace falta que lo vea el pediatra.
  • Días 5–7 en adelante. La respiración se va normalizando, vuelve el apetito y el bebé empieza a parecerse otra vez a sí mismo.
  • Semanas 2–4. La tos residual puede durar todavía de 2 a 4 semanas, a veces más. Es normal y no significa por sí sola que el tratamiento haya fallado: los cilios de la mucosa se recuperan despacio.

Por la noche y de madrugada los síntomas suelen parecer peores: tumbado, el moco se moviliza peor y la nariz se tapona antes. El bebé puede despertarse más y dormir peor; es algo pasajero y, en cuanto respira mejor, el sueño suele recuperarse solo (a diferencia de las regresiones del sueño por edad, que no tienen relación con la enfermedad).

Cómo distinguir la bronquiolitis de un catarro normal

La diferencia no está en los mocos: eso lo tienen los dos. La diferencia está en cómo respira y cómo come. Con un catarro corriente el bebé sorbe por la nariz, pero respira tranquilo y come casi como siempre. En la bronquiolitis aparece el llamado «trabajo respiratorio». Muchas familias se preguntan además si lo que tiene su hijo es bronquiolitis o bronquitis: en los menores de dos años, este cuadro de pitos tras unos días de mocos es lo que llamamos bronquiolitis.

Pitos y ruidos al respirar en el bebé

Los padres lo describen de muchas formas: «pita», «silba», «resopla», «respira como una locomotora». El sonido se oye sobre todo al espirar. Conviene distinguir el ruido nasal (viene «de arriba» y desaparece después de limpiar la nariz) de los pitos que salen del pecho (el sonido sigue ahí; si pones la mano en el tórax, muchas veces notas la vibración). Lo segundo es motivo para que lo valore el pediatra.

Dificultad para respirar: cómo detectarla

Cuenta las respiraciones con el bebé tranquilo o dormido: un minuto entero, siguiendo los movimientos del pecho o de la barriga. Estos son los umbrales de «respiración rápida» que utiliza la OMS:

  • menores de 2 meses: 60 respiraciones por minuto o más;
  • de 2 a 11 meses: 50 o más;
  • de 1 a 5 años: 40 o más.

No cuentes mientras llora ni justo después de comer: el resultado saldrá falsamente alto.

A parent holding a baby upright against their shoulder in soft window light

Dificultades con las tomas

El bebé no puede respirar rápido y succionar a la vez. Por eso da unos tragos, se suelta, «toma aire», se enfada, se agota y se duerme con hambre. Si en varias tomas seguidas come menos de la mitad o de tres cuartas partes de lo habitual, es una señal importante: no es que esté «caprichoso», es que respirar le está consumiendo las fuerzas. Si das el pecho, en estos días ayudan mucho las tomas cortas y frecuentes; hablamos de cómo organizarlas en el artículo sobre cómo empezar la lactancia materna.

Señales de alarma: cuándo hay que buscar ayuda urgente

Esta es la parte más importante. Llama a emergencias de inmediato si el bebé:

  • tiene un tono azulado o grisáceo en labios, lengua o cara;
  • hace pausas respiratorias (apneas), sobre todo si es muy pequeño o prematuro;
  • cuesta muchísimo despertarlo, está decaído, no responde como siempre, «flojo»;
  • ha pasado de respirar rápido a hacerlo de forma débil y lenta, como si estuviera «agotado de respirar».

Consulta al pediatra el mismo día si aparecen:

  • tiraje: la piel se hunde entre las costillas, debajo de ellas o en el hueco por encima del esternón con cada respiración;
  • aleteo nasal al inspirar;
  • quejido espiratorio (ese gruñidito al soltar el aire);
  • una frecuencia respiratoria por encima de los umbrales anteriores estando tranquilo;
  • come menos de la mitad de lo normal y moja menos pañales (por ejemplo, ninguno en 8–12 horas), boca seca, llanto sin lágrimas;
  • fiebre de 38 °C o más en un bebé menor de 3 meses: siempre es motivo de valoración urgente, tenga el aspecto que tenga;
  • simplemente tienes la sensación de que está claramente peor. La intuición de los padres es un argumento válido y los pediatras se la toman en serio.

No te fijes en un único síntoma, sino en el cuadro completo: cómo respira, cómo come y qué aspecto tiene entre los golpes de tos.

Quién tiene más riesgo

La mayoría de los niños pasan la bronquiolitis en casa. Pero las formas graves y los ingresos son más frecuentes en bebés que:

  • nacieron prematuros;
  • tienen menos de 2–3 meses cuando enferman;
  • tienen una cardiopatía congénita o una enfermedad pulmonar crónica (por ejemplo, displasia broncopulmonar);
  • tienen las defensas bajas (inmunodeficiencia congénita, tratamientos que suprimen la inmunidad);
  • viven con enfermedades neuromusculares que dificultan toser;
  • respiran humo de tabaco de forma habitual.

Si tu bebé está en alguno de estos grupos, conviene contactar antes con el pediatra: no esperes a las señales de alarma, consulta ya con los primeros signos de dificultad respiratoria.

Qué ayuda de verdad en casa

No existe un medicamento específico «contra la bronquiolitis»: el organismo se encarga del virus por su cuenta y nuestro trabajo es sostener al bebé mientras lo hace. Lo que sí funciona:

  • Líquidos y tomas pequeñas y frecuentes. Ofrece más a menudo pero menos cantidad: así le resulta más fácil compaginar comer y respirar. La lactancia materna es especialmente valiosa durante la enfermedad: aporta líquido y defensas.
  • Suero fisiológico nasal y aspiración suave del moco. Un par de gotas de suero en cada fosa nasal 10–15 minutos antes de la toma y después, con cuidado, el aspirador o la pera. Tener la nariz libre suele ser lo que más alivio da, porque los lactantes respiran sobre todo por la nariz. Sin pasarse: aspirar demasiado a menudo irrita la mucosa.
  • Posición más vertical mientras está despierto. Llevarlo en brazos incorporado o semisentado cuando no duerme suele facilitarle la respiración. Para dormir, en cambio, debe seguir boca arriba, sobre una superficie plana y firme, sin almohadas y sin poner nada bajo el colchón: no se recomienda elevar la cabecera de la cuna por el riesgo de que se deslice y se asfixie.
  • Bajar la fiebre con un antitérmico adecuado para su edad; el fármaco concreto, la forma y la dosis los decide siempre el pediatra o el farmacéutico según edad y peso.
  • Aire húmedo, fresco y limpio, y nada de humo de tabaco en casa.
  • Observación. Vuelve a contar las respiraciones cada pocas horas, cuenta los pañales mojados y anota cuánto ha comido. Esos datos tan sencillos ayudan muchísimo al pediatra.

Qué no ayuda y puede hacer daño

  • Antibióticos. La bronquiolitis la causa un virus y los antibióticos no actúan sobre él. Solo se indican si hay una infección bacteriana demostrada, y eso lo decide el médico.
  • Broncodilatadores (salbutamol —el conocido Ventolín— y similares) y corticoides inhalados o sistémicos. Las guías clínicas de bronquiolitis, incluida la de la Academia Americana de Pediatría, no recomiendan usarlos de forma rutinaria: en la mayoría de los lactantes no mejoran la evolución de la enfermedad.
  • Jarabes y gotas «para la tos y el catarro». No son seguros en niños pequeños y no acortan la enfermedad.
  • La miel está prohibida antes del año por el riesgo de botulismo.
  • Friegas con alcanfor, aceites esenciales o esencia de trementina, cataplasmas y vahos: riesgo de irritar la vía aérea y de quemaduras.
  • Radiografías y analíticas «por si acaso» no suelen hacer falta en un cuadro típico: el diagnóstico se hace explorando al niño.

El llanto y la inquietud de un bebé enfermo se confunden fácilmente con otras causas, y al revés. Si la barriga hinchada y el llanto vespertino aparecen sin ninguna dificultad para respirar, puede ser otra historia muy distinta: la analizamos en el artículo sobre el cólico del lactante.

Cómo se trata en el hospital

Solo una minoría de niños necesita ingresar, y allí el tratamiento también es de soporte, simplemente con recursos que en casa no hay:

  • oxígeno, si la saturación en sangre está baja;
  • ayuda con la alimentación: leche materna extraída o fórmula por sonda y, si hace falta, suero intravenoso;
  • oxigenoterapia de alto flujo (un flujo de aire caliente y humidificado con oxígeno) si le cuesta mucho respirar; en los casos graves, poco frecuentes, un soporte respiratorio mayor;
  • vigilancia de la respiración y la saturación.

No existe un antiviral específico para la bronquiolitis por VRS de curso habitual. La mayoría de los niños ingresados pasan allí unos pocos días y se recuperan del todo.

Saline drops and a soft nasal aspirator on a table in a sunlit nursery

Prevención de la bronquiolitis: qué reduce de verdad el riesgo

Inmunización del bebé y vacuna en el embarazo

En los últimos años han aparecido dos herramientas reales para proteger a los lactantes:

  • Nirsevimab: un anticuerpo monoclonal de acción prolongada, popularmente conocido como «la vacuna de la bronquiolitis», aunque técnicamente no es una vacuna. Le da al bebé anticuerpos ya formados y se administra en una sola dosis antes de la temporada del VRS o poco después de nacer. En los estudios y en la práctica reduce de forma notable las consultas médicas y los ingresos por infección respiratoria de vías bajas por VRS.
  • Vacuna frente al VRS en el embarazo. Vacunarse dentro de una ventana concreta de la gestación permite pasar al bebé anticuerpos maternos a través de la placenta, que lo protegen durante sus primeros meses de vida, cuando el riesgo es más alto.

Los dos enfoques se recomiendan ya en cada vez más países, pero la disponibilidad, los plazos y las pautas varían. Pregunta a tu médico o al servicio de vacunación de tu zona qué hay disponible en tu país y si te conviene a ti o a tu bebé: aquí no hay un calendario universal. Si estás embarazada y hablas con tu médico de infecciones respiratorias, quizá te resulte útil también nuestro artículo sobre el resfriado y la gripe en el embarazo.

Medidas sencillas del día a día

  • lavarse las manos antes de coger al bebé, y pedir lo mismo a las visitas;
  • mantener alejadas a las personas con síntomas de catarro, incluidos los hermanos mayores, cuando sea posible; besar al bebé en la cara durante la temporada no es buena idea;
  • limpiar con regularidad las superficies y los juguetes que se lleva a la boca;
  • eliminar por completo el tabaco de casa y del coche;
  • dar el pecho, si es posible: la lactancia materna se asocia a infecciones respiratorias menos graves;
  • en la medida de lo posible, evitar los sitios concurridos con un bebé de pocos meses en el pico de la temporada.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la bronquiolitis?

La fase aguda dura unos 7–10 días, con el pico entre el tercer y el quinto día. La tos puede mantenerse otras 2–4 semanas e ir apagándose poco a poco.

¿Se puede tener bronquiolitis más de una vez?

Sí. La inmunidad frente al VRS es parcial y dura poco, así que hay reinfecciones, aunque normalmente cada vez cursan de forma más leve.

¿El VRS es contagioso y cómo se transmite?

Es muy contagioso. Se transmite por las gotitas al toser y estornudar, y también por las manos y las superficies: el virus puede sobrevivir varias horas en los objetos. El niño suele ser contagioso unos 3–8 días, a veces más.

¿Haber pasado una bronquiolitis deja secuelas o asma?

No, no significa que vaya a tener asma. Algunos niños presentan en los primeros años episodios repetidos de pitos coincidiendo con los catarros, y esa relación se sigue estudiando, pero haber pasado una bronquiolitis no equivale por sí solo a un diagnóstico de asma.

¿Sirve el nebulizador con suero fisiológico?

En casa, en una bronquiolitis típica, no suele hacer falta; las nebulizaciones con suero hipertónico se usan a veces en el hospital. La decisión sobre las nebulizaciones la toma el médico, no los padres «por un consejo leído en un grupo».

Lo esencial

  • La bronquiolitis es la inflamación de las vías respiratorias más pequeñas y casi siempre la causa el VRS; antes de los 2 años lo pasan casi todos los niños, y es más grave en los bebés de los primeros meses.
  • Lo que la distingue de un catarro no son los mocos, sino la respiración y las tomas: pitos que salen del pecho, respiración rápida, tiraje, rechazo del alimento.
  • Los peores días son del 3.º al 5.º; la tos puede prolongarse semanas después de la mejoría.
  • Llama a emergencias de inmediato si hay tono azulado en labios o cara, pausas respiratorias o gran decaimiento; consulta el mismo día ante tiraje, quejido, aleteo nasal, deshidratación o fiebre de 38 °C en un bebé menor de 3 meses.
  • En casa funcionan las tomas pequeñas y frecuentes, el suero fisiológico y la limpieza nasal, la posición vertical en vigilia y la observación. Antibióticos, broncodilatadores, corticoides, «jarabes para la tos» y la miel antes del año no sirven o son peligrosos.
  • Para prevenirla, habla con tu médico sobre el nirsevimab para el bebé y la vacuna frente al VRS en el embarazo (la disponibilidad depende del país), además de la higiene de manos, la ausencia de humo de tabaco y la lactancia materna.

Este artículo tiene carácter informativo general y no sustituye la consulta personalizada con un profesional sanitario. Si te preocupa la respiración o el estado de tu bebé, contacta con tu pediatra o acude a urgencias.

Creado con IA y revisado por el equipo de Mama Ai. Información educativa — no sustituye el consejo médico profesional.

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