Ejercicios de Kegel posparto: cómo hacerlos bien
¿Se te escapa la orina al estornudar o notas pesadez ahí abajo? Vemos qué le pasa al suelo pélvico tras el parto y cómo hacer bien los ejercicios de Kegel.
Equipo de Mama Ai
Estornudas, te ríes o levantas el carrito y notas que se te escapa un poco de orina. O aparece una sensación de pesadez y presión en la parte baja del abdomen, como si algo se «cayera». Después del parto esto les ocurre a muchísimas mujeres, pero, por algún motivo, no se suele hablar de ello. La buena noticia: no es el precio de la maternidad ni algo con lo que haya que resignarse. El suelo pélvico son músculos, y los músculos se pueden entrenar; los ejercicios de Kegel siguen siendo la herramienta de recuperación más accesible.
Lo vemos paso a paso: qué les ocurre a los músculos de la pelvis durante el embarazo y el parto, por qué aparece la incontinencia urinaria, cómo hacer los ejercicios de Kegel correctamente (es más difícil de lo que parece), cuándo no conviene hacerlos y en qué casos hace falta un médico o un fisioterapeuta de suelo pélvico.
Qué es el suelo pélvico y qué le hacen el embarazo y el parto
El suelo pélvico son varias capas de músculos y ligamentos tendidos entre el pubis, los isquiones y el cóccix, como una hamaca. Esa «hamaca» sostiene por debajo la vejiga, el útero y el recto, se encarga del funcionamiento de los esfínteres (los músculos circulares que retienen la orina y las heces), interviene en las sensaciones sexuales y, junto con el diafragma y los músculos profundos del abdomen y la espalda, forma un único «cilindro» muscular: lo que los entrenadores llaman el core.

Durante el embarazo, esa hamaca soporta una carga importante. El útero, con el bebé, la placenta y el líquido amniótico, pesa varios kilos, y todo ello empuja hacia abajo día tras día. A la vez, las hormonas (progesterona, relaxina) vuelven el tejido conjuntivo más blando y elástico: es necesario para el parto, pero reduce el soporte de forma temporal. También cambia la postura: el centro de gravedad se desplaza hacia delante, la zona lumbar se arquea más y se modifica cómo se reparte la carga sobre los músculos de la pelvis. Por eso, en muchas mujeres, ya antes del parto aparecen los escapes de orina al toser y el dolor de espalda.
En un parto vaginal, los músculos y los tejidos del periné se estiran muchísimo más de lo habitual. A veces se producen desgarros o se realiza una episiotomía, y pueden verse afectados los nervios que controlan estos músculos. El riesgo es mayor cuando la segunda fase del parto es larga, el bebé es grande, se usan fórceps o ventosa, o hay desgarros de tercer o cuarto grado. Cómo cicatrizan los puntos y qué se considera normal en las primeras semanas lo explicamos con detalle en el artículo sobre la recuperación posparto: loquios, puntos y señales de alarma.
Por qué la cesárea no protege del todo
La creencia extendida de que «tras una cesárea el suelo pélvico queda intacto» solo es cierta en parte. Es verdad que se evita el estiramiento de los tejidos propio del parto vaginal y que el riesgo de algunos problemas es menor. Pero el suelo pélvico ha vivido igualmente nueve meses de carga vertical y de cambios hormonales, que son precisamente los que más influyen. A eso se suma una cirugía en la pared abdominal, tras la cual los músculos profundos del abdomen se activan peor, de modo que todo el sistema de soporte trabaja de forma menos coordinada. Por eso los escapes de orina y la sensación de pesadez también aparecen después de una cesárea, y también en este caso conviene entrenar los músculos de la pelvis.
Incontinencia urinaria posparto: ¿es frecuente y se va sola?
Lo más habitual es la incontinencia urinaria de esfuerzo: aquí «esfuerzo» no se refiere al estrés emocional, sino a la tensión física. La orina se escapa en el momento en que la presión dentro del abdomen sube de golpe: al estornudar, toser, reír, saltar o levantar al bebé o una bolsa. Un suelo pélvico debilitado o que reacciona mal no llega a contraerse a tiempo para mantener cerrado el esfínter.
Según distintas estimaciones, alrededor de una de cada tres mujeres tiene escapes de orina en los primeros meses tras el parto; es uno de los problemas más frecuentes del posparto y, a la vez, de los más silenciados. Aquí conviene una distinción honesta: que sea frecuente no significa que sea normal para siempre. En muchas mujeres los síntomas mejoran de forma notable durante los primeros tres a seis meses, mientras los tejidos cicatrizan y los músculos recuperan el tono. Pero si a las 6–12 semanas nada cambia, no conviene esperar a que «se pase solo»: puede que no se pase.
Y una idea más por la que merece la pena seguir leyendo: la incontinencia se puede tratar en cualquier momento, no solo en los primeros meses. Si tu hijo tiene tres años, ocho o veinte y todavía sales corriendo al baño o te pones una compresa antes de salir a correr, entrenar los músculos de la pelvis y contar con ayuda de un profesional también funciona ahora. Un músculo entrenable sigue siendo entrenable.
Otros síntomas que conviene contarle al médico
La incontinencia no es lo único que le puede pasar al suelo pélvico después del parto. Conviene conocer otras manifestaciones para poder llamarlas por su nombre:
- Incontinencia de urgencia: una necesidad de orinar repentina y casi imposible de aguantar, con la que no siempre llegas a tiempo. El mecanismo es distinto (una vejiga hiperactiva) y el enfoque del tratamiento también.
- Sensación de pesadez, de presión o de «una bola» en la vagina: sobre todo al final del día o tras muchas horas de pie. Así puede manifestarse un prolapso (el descenso de las paredes de la vagina, del útero o de la vejiga). Muchas mujeres buscan «ejercicios para el prolapso de útero», pero primero hace falta una exploración: el grado del descenso determina qué es lo que realmente ayuda.
- Dolor en las relaciones sexuales: un dolor que persiste más de unos meses tras el parto no debe achacarse a «ya te acostumbrarás». Las causas son variadas: la cicatriz de un desgarro o de una episiotomía, la sequedad asociada a la lactancia o una tensión excesiva de los músculos.
- Incontinencia de gases o de heces: aunque sea puntual. Este no es un síntoma que se entrene por cuenta propia con artículos de internet. Puede indicar una lesión del esfínter anal durante el parto y requiere una visita presencial al médico: cuanto antes, más opciones de ayuda hay.
Ejercicios de Kegel: cómo hacerlos correctamente
Esta es la sección clave. Los estudios muestran que entrenar los músculos del suelo pélvico ayuda con la incontinencia posparto, pero a condición de que se contraigan esos músculos y no otros. Según observan los especialistas, buena parte de las mujeres que prueban los ejercicios de Kegel por primera vez siguiendo una descripción los hacen mal: aprietan el abdomen, los glúteos o, lo peor de todo, empujan hacia abajo.
Paso 1. Localizar los músculos correctos
Túmbate boca arriba, con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el suelo: en esta posición es más fácil notar el movimiento. Imagina que tienes que aguantar los gases y, a la vez, absorber hacia dentro algo pequeño con la vagina. El movimiento debe ir hacia dentro y hacia arriba, como si acercaras con suavidad el periné hacia el ombligo. La sensación es de un cierre alrededor de la entrada de la vagina y del ano, más una ligera elevación por dentro.
Cómo comprobarlo:
- Pon una mano sobre el abdomen: debe quedarse blando, sin que se tensen de golpe los abdominales.
- Pon la otra mano sobre los glúteos o la cara interna del muslo: no deben activarse.
- Puedes apoyar los dedos en el periné: con una contracción correcta, los tejidos se meten hacia dentro en lugar de abombarse hacia fuera.
- Respira. Si contienes la respiración, esa ya es una pista de que algo no va bien.

Paso 2. Reconocer cómo se siente una contracción correcta
Un Kegel bien hecho son dos acciones igual de importantes: la elevación y la relajación completa. Relajar importa tanto como apretar: un músculo que no sabe soltar tampoco sabe trabajar bien. Después de cada contracción, date el mismo tiempo para que todo, ahí abajo, «baje» de nuevo y quede blando.
Errores frecuentes que echan por tierra el esfuerzo:
- Contener la respiración. Respira de forma regular: suele ser más cómodo soltar el aire al elevar y tomarlo al relajar.
- Trabajar con glúteos, abdominales y muslos. Si al hacer el «Kegel» levantas la pelvis o juntas las rodillas, se han activado los músculos grandes y no el suelo pélvico.
- Empujar hacia abajo. Es el error más dañino: en lugar de subir, se ejerce presión hacia abajo, como en los pujos del parto. Esto aumenta la carga sobre los ligamentos y puede empeorar los síntomas de prolapso. Si no tienes claro hacia dónde va el movimiento, es motivo para acudir a un profesional, no para entrenar a ciegas.
- Entrenar «cortando el pis». Interrumpir el chorro de orina puedes hacerlo una sola vez para localizar los músculos, pero no como ejercicio: cortarlo de forma habitual altera el vaciado normal de la vejiga.
Paso 3. La rutina: cuánto, con qué frecuencia y cuándo esperar resultados
Una pauta que funciona combina dos tipos de contracciones: lentas (para la resistencia) y rápidas (para reaccionar ante un estornudo o una tos):
- Sostenimientos lentos: aprieta y mantén de 3 a 5 segundos y luego relaja el mismo tiempo. Poco a poco, a lo largo de varias semanas, alarga el sostenimiento hasta 8–10 segundos. De 8 a 12 repeticiones.
- Contracciones rápidas: 10 aprietes cortos de un segundo, con una relajación completa entre cada uno.
- Frecuencia: unas tres series al día, todos los días. Tres series cortas de 3 a 5 minutos rinden más que una sesión heroica una vez por semana.
- Progresión de posturas: empieza tumbada y, al cabo de una o dos semanas, pasa a hacerlos sentada y después de pie; de pie cuesta más por efecto de la gravedad.
- La técnica de «adelantarse»: aprende a contraer el suelo pélvico antes de estornudar, toser o coger al bebé. Es una habilidad sencilla que a menudo reduce los escapes antes incluso de que aumente la fuerza muscular.
Por lo general, las contracciones suaves pueden empezar ya en los primeros días tras el parto si no duelen; incluso con puntos, un trabajo muscular ligero mejora la circulación. Los primeros cambios suelen notarse a las 6–12 semanas de práctica constante, no en unos días; un programa completo dura al menos tres meses, y lo ideal es conservar los ejercicios como un hábito para los años venideros.
Aquí la mayor dificultad no es la fuerza, sino la constancia y llevar la cuenta: es fácil despistarse, atender al bebé y olvidar por qué repetición ibas. En la aplicación Mama Ai hay para esto un entrenamiento de Kegel con temporizador: te indica cuándo apretar y cuándo relajar, así que mantienes el ritmo sin contar mentalmente, y el progreso de la sesión se ve directamente en la pantalla de bloqueo. No sustituye a una buena técnica: primero asegúrate de que contraes los músculos correctos, y el temporizador ya te ayuda a hacerlo de forma constante.
Cuándo los ejercicios de Kegel no son la solución
Un matiz importante que rara vez aparece en los artículos divulgativos: no todo suelo pélvico necesita fortalecerse. Existe la situación contraria, la hipertonía, cuando los músculos ya están demasiado tensos y no saben relajarse. En ese caso, apretar aún más agrava el problema.
Puedes sospecharlo si hay:
- dolor en la vagina, el periné o la parte baja del abdomen, dolor en las relaciones sexuales o al usar tampones;
- dificultad para empezar a orinar, un chorro débil o entrecortado, sensación de vaciado incompleto;
- estreñimiento que obliga a empujar con fuerza, dolor al defecar;
- una sensación constante de «tensión» o «bloqueo» en la zona.
Aparte están los síntomas de prolapso (abombamiento, pesadez, «bola»). Aquí los ejercicios también pueden ayudar, pero primero hace falta una exploración para conocer el grado del descenso y no entrenar en las posturas o con la carga que empeorarían la situación. La regla es sencilla: ante dolor, abombamiento o problemas de vaciado, primero la valoración de un profesional y después el programa.
Diástasis abdominal: cómo comprobarla y su relación con el suelo pélvico
La diástasis posparto es la separación de los músculos rectos del abdomen a lo largo de la línea media: durante el embarazo, el tejido conjuntivo que los une se estira. En mayor o menor grado la tienen casi todas las mujeres al final del embarazo, y en muchas se reduce por sí sola en los primeros meses.
Una autoexploración sencilla: túmbate boca arriba, con las rodillas flexionadas y los pies en el suelo. Coloca los dedos cruzados sobre el abdomen, un poco por encima del ombligo, y levanta la cabeza y los hombros, como al iniciar un abdominal. Con los dedos notarás un hueco entre los músculos. Valora cuántos dedos caben a lo ancho y hasta qué punto el «fondo» del hueco ofrece resistencia. Repítelo a la altura del ombligo y por debajo. Un hueco de más de unos dos dedos de ancho, una sensación de fosa blanda o una «cúpula» que sobresale por la línea media al hacer fuerza son motivo para consultar con un profesional.
El suelo pélvico y la pared abdominal funcionan como un solo sistema: el diafragma arriba, los músculos profundos del abdomen delante y el suelo pélvico abajo. Si la pared anterior no contiene la presión, esta se desvía hacia abajo, hacia el suelo pélvico. Por eso los abdominales clásicos y las planchas de los primeros meses no suelen ser buena idea: se empieza por la respiración, la activación suave del transverso del abdomen y los Kegel, y solo después se añade carga.
Cuándo acudir al médico o a un fisioterapeuta de suelo pélvico
Pide cita si:
- los escapes de orina persisten pasados 3 meses del parto o no disminuyen en absoluto;
- hay incontinencia de gases o de heces, en cualquier cantidad y en cualquier momento;
- notas o ves un abombamiento en la entrada de la vagina, o una pesadez que aumenta al final del día;
- las relaciones sexuales siguen siendo dolorosas más allá de unos meses;
- no consigues notar la contracción de los músculos o no tienes la seguridad de estar haciendo bien los ejercicios;
- aparecen escozor, ardor al orinar, ganas frecuentes, orina turbia o fiebre: así puede manifestarse una infección de orina, parecida a la cistitis, que debe tratar un médico;
- tienes dolor en la pelvis o en la zona lumbar que te dificulta las tareas cotidianas;
- vuelve de repente un sangrado abundante o aparece un flujo con mal olor.
El fisioterapeuta de suelo pélvico (a veces se le llama fisioterapeuta especializado en la recuperación del suelo pélvico) puede evaluar cómo trabajan los músculos, detectar un patrón incorrecto, diseñar un programa individualizado y usar métodos como el biofeedback. No es una «medida extrema», sino una fase habitual de la recuperación: en muchos países esta consulta forma parte del seguimiento posparto estándar.
Hábitos cotidianos que ayudan al suelo pélvico
- No entrenes «cortando el pis». Interrumpir la micción sirve para comprobar, pero no como ejercicio.
- No aguantes en exceso ni vayas al baño «por si acaso». Ambos extremos desajustan el funcionamiento de la vejiga. Bebe agua suficiente: la orina concentrada irrita más la vejiga.
- Mantén las heces blandas. Empujar de forma habitual es una carga directa para el suelo pélvico y una causa frecuente de hemorroides. Ayudan la fibra, el agua, el movimiento y un taburete para apoyar los pies en el baño; los principios son los mismos que con el estreñimiento durante el embarazo.
- Levanta peso soltando el aire. Espirar en el momento del esfuerzo y contraer antes el suelo pélvico reducen la presión hacia abajo. En las primeras semanas conviene no levantar nada más pesado que el portabebés con el niño dentro.
- Vuelve al deporte de forma gradual. Caminar, los ejercicios de respiración y los Kegel, desde las primeras semanas; las pesas y el correr con saltos, más tarde, por lo general no antes de los 3 meses y solo cuando no haya escapes ni pesadez. La lógica es la misma que con el ejercicio durante el embarazo: escuchar al cuerpo y aumentar la carga paso a paso. Un escape mientras corres es una señal para retroceder un paso, no para aguantar.
- Trata la tos persistente y la alergia. Una tos que dura semanas supone una carga mecánica importante para el suelo pélvico.
- Date tiempo y apoyo. La recuperación del cuerpo va de la mano de la del ánimo; si no tienes fuerzas y el estado de ánimo no mejora, revisa las señales de la depresión posparto: también tiene tratamiento.
Lo esencial
- El suelo pélvico es una «hamaca» muscular que sostiene los órganos de la pelvis; el embarazo y el parto lo someten a una gran carga, y la cesárea no protege del todo frente a ello.
- Los escapes de orina al estornudar o reír en los primeros meses tras el parto son frecuentes, pero frecuente ≠ normal para siempre: es algo que se trata tanto al cabo de un año como al cabo de diez.
- Un Kegel bien hecho es una elevación hacia dentro y hacia arriba, con una relajación completa después, el abdomen blando, los glúteos tranquilos y una respiración regular. Empujar hacia abajo lo empeora.
- Pauta que funciona: sostenimientos lentos de hasta 8–10 segundos en 8–12 repeticiones, más 10 contracciones rápidas, unas tres veces al día; los primeros cambios, a las 6–12 semanas.
- Ante dolor, abombamiento, dificultad para orinar o incontinencia de gases y heces, primero se acude al médico y no se entrena por cuenta propia.
- La diástasis se comprueba con un test sencillo tumbada; la pared abdominal y el suelo pélvico se recuperan juntos, así que los abdominales y las planchas se dejan para más adelante.
Este contenido tiene carácter general e informativo y no sustituye la consulta individual con un profesional sanitario. Si te preocupa algún síntoma relacionado con el suelo pélvico, coméntalo con tu ginecólogo, tu urólogo o tu fisioterapeuta de suelo pélvico.
Fuentes
Creado con IA y revisado por el equipo de Mama Ai. Información educativa — no sustituye el consejo médico profesional.
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