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Várices en el embarazo: causas, alivio y prevención

Las várices en el embarazo son frecuentes y casi siempre inofensivas. Te contamos por qué se hinchan las venas, qué alivia los síntomas y cuándo acudir al médico.

Equipo de Mama Ai

Actualizado 9 de julio de 2026 7 min de lectura
Várices en el embarazo: causas, alivio y prevención

Hacia la mitad del embarazo, muchas futuras mamás notan en las piernas venas abultadas de tono azulado, sensación de pesadez y piernas «cansadas» al final del día y, a veces, picor o un ligero hormigueo. Son las várices en el embarazo (dilatación de las venas), uno de los cambios más frecuentes y, por suerte, casi siempre inofensivos de esta etapa. Veámoslo con calma: por qué se dilatan las venas justo ahora, en qué otras zonas además de las piernas pueden aparecer várices, qué ayuda de verdad a aliviar los síntomas, qué conviene posponer y —lo más importante— qué señales indican que debes acudir al médico sin demora.

Por qué aparecen várices en el embarazo

Las várices son una dilatación de las venas superficiales: las diminutas válvulas de su interior tienen más dificultad para devolver la sangre al corazón, y esta se estanca en parte. El embarazo crea varias condiciones que lo favorecen a la vez:

  • Más sangre. El volumen de sangre que circula por el cuerpo aumenta cerca de un 40–50 % al final del embarazo. Las venas tienen que albergar y devolver un volumen mayor.
  • Las hormonas. La progesterona relaja los músculos lisos, no solo los del útero, sino también los de las paredes de las venas. Al volverse más elásticas, las venas se dilatan con más facilidad.
  • El útero, que crece, presiona las venas. Comprime la gran vena cava inferior y las venas de la pelvis, sobre todo del lado derecho, y dificulta el retorno de la sangre desde las piernas y el periné.
  • La herencia. Es el factor más determinante: si tu madre o tu abuela tuvieron várices, la probabilidad es mayor. No se puede actuar sobre los genes, pero sí reducir la carga sobre las venas.

También influyen el sobrepeso, el embarazo de gemelos o más bebés, permanecer mucho tiempo de pie o sentada y los embarazos repetidos: con cada uno, las venas soportan una carga cada vez mayor.

Cómo se ven las várices y dónde aparecen

Lo más habitual es que las várices en las piernas durante el embarazo se vean como venas salientes y tortuosas, de color azulado o morado, en las pantorrillas y bajo las rodillas; a veces, como una fina red de vasos dilatados (las «arañas vasculares»). Las piernas pueden hincharse, sentirse pesadas y picar, y al final del día aparece una sensación de tensión. Pero las várices no salen solo en las piernas.

Várices en la ingle y el periné (várices vulvares)

A veces aparecen venas dilatadas en la zona de los labios vulvares y el periné: son las várices vulvares (várices en la ingle durante el embarazo). Su aspecto y las sensaciones que producen pueden alarmar, pero en el fondo se trata de la misma dilatación de las venas por la presión del útero sobre las venas de la pelvis. Por lo general no impiden el parto vaginal y, en la mayoría de los casos, se reducen mucho o desaparecen tras el parto. Si estas venas te resultan molestas, coméntalo con tranquilidad a tu médico: existe ropa interior de soporte específica.

Las hemorroides también son várices

Las hemorroides son, en esencia, venas dilatadas (varicosas) del recto y el ano. El mecanismo es el mismo: la presión del útero, el retorno venoso más lento y la tendencia al estreñimiento. En un artículo aparte te contamos en detalle cómo aliviar esta molestia, en el texto sobre las hemorroides en el embarazo.

¿Son peligrosas las várices en el embarazo?

La buena noticia: por sí mismas, las várices en el embarazo suelen ser un problema estético y «molesto», no una amenaza para la salud. Pueden causar sensaciones desagradables —pesadez, hinchazón, picor—, pero en general no son peligrosas. La hinchazón de las piernas acompaña a menudo a las várices; sobre cuándo la hinchazón entra dentro de lo normal y cuándo es motivo para acudir al médico, lo explicamos en el artículo sobre la hinchazón en el embarazo. Al final del día o por la noche es frecuente que se sumen los calambres en las pantorrillas: son un fenómeno aparte, pero comparten desencadenantes con las várices: el cansancio de las piernas y el estancamiento de la sangre.

Es importante distinguir las várices de un cuadro mucho más grave: la trombosis venosa profunda (TVP, la formación de un coágulo de sangre en una vena profunda de la pierna). El embarazo sí aumenta el riesgo de trombosis, pero es una afección distinta, no unas «várices avanzadas». Hablamos de sus señales de alarma más abajo, en el apartado sobre las señales de alerta.

Qué ayuda de verdad a aliviar las várices

Durante el embarazo no es posible «curar» del todo las várices y, si la carga hereditaria es fuerte, ninguna medida garantiza que las venas no aparezcan. Pero aliviar los síntomas y frenar su avance sí es posible. Esto es lo que de verdad funciona.

Las medias de compresión, la base

Las medias de compresión médicas (o calcetines) de presión graduada son el método más fiable y recomendado. Aprietan la pierna con suavidad, con más fuerza abajo y menos arriba, para ayudar a las venas a devolver la sangre y reducir la hinchazón y la pesadez. Es mejor ponérselas por la mañana, todavía acostada, antes de que las piernas se hinchen. Tu médico te ayudará a elegir el grado de compresión y la talla, porque hay distintos niveles de firmeza.

Pregnant woman putting on a knee-high graduated compression stocking while sitting on the bed

Movimiento, postura y descanso

  • Muévete más. Caminar, nadar y hacer ejercicios suaves para los pies y las pantorrillas actúan como una «bomba» para las venas. Qué actividad es segura en esta etapa lo explicamos en el artículo sobre el ejercicio en el embarazo.
  • No estés mucho tiempo de pie ni sentada sin moverte. Si tu trabajo es sedentario o de pie, cada 30–60 minutos levántate, mueve los pies y balancéate del talón a la punta.
  • Eleva las piernas. Varias veces al día, descansa con las piernas sobre un cojín por encima del nivel del corazón: así la sangre fluye mejor.
  • Duerme sobre el lado izquierdo. En esta postura el útero presiona menos la vena cava inferior, situada a la derecha, y mejora el retorno de la sangre desde las piernas. Puedes colocar un cojín tras la espalda o entre las rodillas.
  • Mantén el peso dentro de lo recomendado. Un aumento de peso dentro de lo normal reduce la carga sobre las venas.
  • No cruces las piernas durante mucho rato y elige un calzado cómodo, sin gomas ajustadas ni tacones altos.
Pregnant woman resting on a sofa with her legs elevated on a cushion

Qué conviene evitar y qué posponer

El tratamiento definitivo de las várices —la escleroterapia (la inyección de una solución especial en la vena), el láser y la cirugía— suele posponerse durante el embarazo. Tras el parto las venas mejoran a menudo por sí solas, y el médico podrá valorar si hace falta alguna intervención. No uses por tu cuenta cremas, geles ni pastillas «para las venas» sin consultarlo: durante el embarazo no todos los productos están estudiados ni autorizados, y debe ser el médico quien los indique. Nada de dosis ni de fármacos concretos «por internet»: solo una consulta presencial con un especialista.

Señales de alerta: cuándo acudir al médico sin demora

Las várices en sí rara vez requieren prisa, pero hay síntomas ante los que debes contactar con tu médico o buscar atención urgente:

  • Dolor, enrojecimiento, calor y sensibilidad en una sola pierna, sobre todo endurecimiento o hinchazón de la pantorrilla en un solo lado: puede ser un signo de trombosis venosa profunda y requiere una valoración urgente.
  • Falta de aire repentina, dolor en el pecho, latidos acelerados o tos con sangre: posibles señales de una embolia pulmonar. Es una urgencia: llama a los servicios de emergencia.
  • Sangrado de una vena varicosa: presiona la zona, eleva la pierna y busca atención médica.
  • Una llaga, oscurecimiento, endurecimiento o inflamación de la piel sobre la vena, o una herida que no cicatriza.
  • Dolor e hinchazón que aumentan de golpe, o fiebre.

Estas señales no significan que necesariamente tengas algo grave, pero conviene revisarlas sin demora: mejor prevenir.

¿Desaparecen las várices después del parto?

En la mayoría de los casos, tras el parto se alivia mucho: desaparece la presión del útero, baja el volumen de sangre y las hormonas se normalizan. Después del parto las várices suelen reducirse de forma notable en unos 3–12 meses, y las várices vulvares y las hemorroides a menudo desaparecen por completo. Aun así, las venas pueden no volver del todo a su aspecto «de antes del embarazo», sobre todo tras varios embarazos o si hay predisposición hereditaria. Si unos meses después del parto las venas salientes persisten y te molestan, conviene acudir a un flebólogo (el médico especializado en venas): fuera del embarazo, las opciones de tratamiento son mucho más amplias.

Puntos clave

  • Las várices en el embarazo son frecuentes por el aumento del volumen de sangre, el efecto de la progesterona, la presión del útero sobre las venas y la herencia.
  • No aparecen solo en las piernas: también en la ingle y el periné (várices vulvares) y en forma de hemorroides; el mecanismo es el mismo.
  • Por sí solas, las várices no suelen ser peligrosas: son una molestia y algo estético, no una amenaza; la trombosis venosa profunda es otra cosa, un cuadro grave.
  • Lo que mejor ayuda son las medias de compresión, el movimiento, el descanso con las piernas elevadas, dormir sobre el lado izquierdo y mantener un peso dentro de lo normal; cuando la herencia es fuerte, no hay una prevención segura.
  • La escleroterapia, el láser y la cirugía suelen posponerse hasta después del parto; las cremas y pastillas «para las venas», solo por indicación médica.
  • Acude al médico sin demora si notas dolor e hinchazón en una sola pierna, falta de aire repentina o dolor en el pecho, sangrado de una vena o una llaga en la piel.
  • Tras el parto, las várices suelen reducirse de forma notable en 3–12 meses, aunque pueden no desaparecer del todo.

Este artículo tiene carácter informativo general y no sustituye la consulta individual con tu médico. Ante cualquier duda, síntoma preocupante o antes de elegir un tratamiento, comenta tu situación con tu médico.

Creado con IA y revisado por el equipo de Mama Ai. Información educativa — no sustituye el consejo médico profesional.

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